jueves, 2 de enero de 2014

Nochevieja en Shanghai



 Este año me ha tocado vivir la Nochevieja y Año Nuevo en Shanghai, y por supuesto que ha sido diferente, pero fue noche extraña y rara como pocas. Paso a relatar aquí los sucesos acontecidos en esta noche tan particular del año.

   Empezamos por la mañana que llego tarde al trabajo puesto que, cabecita la mía, se me olvida la tarjeta del metro en casa y tengo que volver a por ella, perdiendo 10 minutos entre la ida y la vuelta. Tras eso y siendo un día bastante pesado, salgo antes del trabajo para ir a Jing’An Temple, donde había quedado con mi amigo Curtis y su colega Paul, que venían desde Kunshan para celebrar el año nuevo con nosotros.

   Pasamos por mi casa para cambiarme porque ya a las 18.30 habíamos quedado con Gabi para cenar. Locura en el metro, la gente saltando unos encima de otros para meterse en el metro pero por fin llegamos a People’s Square. De allí “intentamos” movernos hasta el Saizeriya de Nanjing Road y digo intentamos porque jamás había visto esa calle tan abarrotada. Increíble, es que daba miedo, sólo se veía una marea de cabezas miraras hacia donde miraras. Llegamos al restaurante en cuestión y obviamente era imposible comer allí, porque era día 31, la hora de la cena, al día siguiente era festivo y lo más importante, había una cola de 2 horas y media. Así que con todo el dolor de mi corazón acabamos cenando en McDonalds. Sí, la cena de Fin de Año ha sido en un McDonalds, pero es que eso era una auténtica odisea.

   Estuvimos esperando a mi compi de piso para que cenara allí y ya reunirnos con ellos. Tardaron mucho por toda la gente que había y cuando todos nos fuimos cada uno cogió para un sitio. Mientras me despedía de mi amigo le dí el móvil a Gabi para que llamara a otro amigo más, y la perdí de vista 5 segundos y ya no la volví a encontrar. Me encontraba en la que creo que esa noche era la calle más transitada del mundo, sin móvil y sin manera de encontrar a mis amigos. Me fuí hasta el principio de Nanjing Road, a donde se suponía que nos dirigíamos y al intentar acceder al paso subterráneo que conecta con People’s Square me encontré con algo que sólo con este vídeo es entendible.


 


   Lo único que se me ocurrió fue pedirle a una pareja que había al lado mía que si me dejaba llamar a mis amigos. No sé si fue mi cara de perdido o mi increíble manera de comunicarme en chino señalando mi móvil y diciéndole péngyou (amigo), pero el muchacho me dejó llamar a mis amigos, que no sabían ni donde estaban. Luego de esperarlos un rato tuve que llamar de nuevo, menos mal que encontré otros chicos, estos europeos que me volvieron a dejar el móvil (menos mal que me sé mi número) y quedé con ellos en un sitio concreto para recuperar mi móvil

Nos fuimos caminando hasta el Bund para ver los fuegos artificiales. Calles abarrotadas, la gente andando y algunos corriendo por la carretera, digno de verse. Me vais a tener que perdonar pero es que esa noche mi móvil normal estaba sin batería y la cámara no la llevé, así que solo tengo 2 o 3 fotos. Llegados al bund, donde todo estaba colapsado, el ejército por todos lados para evitar cualquier percance, lo que daba un toque un poco siniestro a la celebración, pero todo sea dicho y sin faltar al respeto, el ejército chino parece de chiste. Aparte de las diferentes alturas, los soldados no sabían formar, se tropezaban unos con otros, no se mantenían en sus puestos... En lugar de un ejército parecía que habían cogido a unos cuantos y les habían puesto uniforme. Un poco extraño todo.




Estando allí, un colega de los que venía con nosotros necesitaba ir al servicio urgentemente, así que yo, como también tenía que ir, me decidí a acompañarle. Craso error. Hete aquí mi segunda temporada de LOST. Nos pusimos a buscar McDonalds, KFC, Burger King, o cualquier bar o callejuela para ir al servicio pero nada. Nuestros amigos nos llamaron y dijeron que había un servicio cerca de donde estabamos antes, así que a desandar lo andado que no era poco. La gente empezó a correr, porque al parecer estaban cerrando las calles y nosotros seguimos el nuevo lema de “¡Si corre el chino voy yo detrás! Llegamos donde supuestamente estaban nuestros amigos y resultaba que se habían cambiado de lugar. Habían subido al paseo donde estaba todo el mundo y allá que fuimos nosotros.

Eran las 11.20 y dijimos, “Tenemos tiempo”. Subimos al paseo, sin poder llamarlos porque las líneas estaban inoperativas, tratando de buscarlos, entre la marabunta de gente. Llamábamos cuando podíamos a Renny, y nos movíamos de aquí para allá sin resultado alguno. Eran las 11:40 y nos empezamos a poner nerviosos. Volvíamos a llamar pero ellos o por pereza o por imposibilidad no salían a buscarnos, y cada vez más gente en el paseo. 11.48 y ni rastro de nuestros amigos, sin poder llamarlos, así que decidimos situarnos en un lugar estratégico y un poco peligroso para ver los dichosos fuegos, mientras decíamos, “Tío, esta será una historia para contar a tus nietos, de cómo viviste un fin de año en Shanghai con alguien que acababas de conocer esa misma noche mientras andabas perdido”

La mejor parte vino con los fuegos artificiales. No por los fuegos, que no estuvieron mal, sino por la marea de pantallas de móviles, tablets, phablets e incluso de ORDENADORES. Sí señores, ordenadores. Esta gente no vive el momento, prefiere capturarlo. Y yo, como buen nuevo chino, quise capturar ese momento, porque por mucho que lo explique, sólo con esa imagen se entendería. En el cielo los fuegos. En el paseo sólo pantallas relucientes. Sólo en China.

Tras todo este periplo conseguimos quedar con nuestros amigos y fuimos al Muse 1, cerca del Bund, donde tuvimos algún problema con unos estúpidos franceses que decían que había que ser duro en Shanghai para sobrevivir, pero bien que los mandaron al carajo los de seguridad. El resto de la noche fue pegando botes, evitando chinos borrachos y pasándolo bien. Lo que quedó fue intentar volver a casa andando, porque los taxis pedían unos 150 yuanes, sin importar la dirección, por lo que esperamos un poco hasta que abrió el metro y nos fuimos a casa, demasiado cansados para cualquier cosa. 

Como resumen de la noche, está comprobado que siempre hay aventuras allá donde no te lo esperas y como consejo diré: ¡NUNCA SUELTES TU MÓVIL EN CHINA!

¡Feliz Año a todos y nos leemos en breve!

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