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martes, 26 de agosto de 2014

La Gran Muralla


   Se dice que si vienes a China y no visitas la Gran Muralla es como si jamás hubieras estado en China. Yo no podía ser menos, así que en las primeras semanas en Beijing, me cogí la mochila, la cámara y me puse en camino a uno de las construcciones mas importantes e impactantes de China: La Gran Muralla.


  En este caso, mi amiga Vivian y yo nos fuimos a la parte de Badaling, una de las más famosas junto con la de Mutianyu. Para ir a esta parte habréis de coger la Línea 4 del metro, apeándoos en Xizhimen y en una de las salidas (son escaleras al exterior), llegaréis a la estación de trenes que os lleva a la Gran Muralla por unos 5 yuanes, que es ná. El viaje es así como una hora, pero es una pasada ver como van apareciendo las montañas y a lo lejos la Muralla con toda su majestuosidad. En el tren no esperéis ir sentados. Yo os recomiendo ir directos al vagón del restaurante donde al menos podéis sentaros en el suelo, mientras veis como la gente se harta de comer fideos instantáneos.

Ruta Norte
   Cuando el tren llega a Badaling, la gente sale despedida, corriendo hacia el autobús gratuito, que está cuesta arriba, no vaya a ser que no cojan sitio. El autobús os deja en la explanada para acceder a la Muralla, que podéis ver bajo estas líneas. Aquí hay tiendas de recuerdos, restaurantes (siempre a tope) y lo más importante: SERVICIOS. Si váis a la Gran Muralla, hay tres consejos esenciales: 1. Llevad agua (a raudales). 2.Esperad a que haga un día claro. 3. Id al servicio tantas veces como necesitéis antes de empezar a andar, porque allí arriba no hay ¡NADA!

Explanada Pre-Muralla
  Lo normal es ir hacia la parte Norte de la Muralla, la más visitada, como véis aquí abajo, la más fácil, pero también la más agobiante por la cantidad de gente que sube y baja sin parar. Por ello, sin pensármelo dos veces, me fuí hacia la parte Sur, la que a los pocos segundos me demostraría por qué era la que nadie elegía. Era la llamada "parte difícil", escarpada como ella sola, a pesar de ser bastante más corta, con sólo 3 torres. Cuando se llega al final de este tramo puedes ver que sigue, pero no para el público y es el lugar idóneo para admirar el paisaje y cómo la muralla parece lo que la leyenda dice: "El Dragón que defiende China del enemigo"

Difícil no le hace justicia
    Ésta parte obviamente está restaurada, pero justo enfrente se ve una de las partes inaccesibles sin restaurar. Las partes que están por ejemplo en la provincia de Gansu, que es donde empieza la Muralla están bastante estropeadas y hay partes, en las que incluso la muralla ha desaparecido por completo, por la acción del hombre o por el paso del tiempo y las inclemencias del tiempo. La Muralla en total tiene unos 8600 kms, empezando en la provincia de Gansu y acabando en el mar en la provincia de Hebei, exactamente en el llamado Paso de Shanhai, sieno el final lo que se suele conocer como la "Cabeza del Dragón Antiguo"


   Sólo deciros que mi único consejo personal es que si estáis en China, jamás dudéis en hacer esta visita. Es totalmente obligada y una gozada. Naturaleza e historia en el llamado "El cementerio más grande del mundo". Es algo que merece la pena verlo, al menos una vez en la vida.

   ¡Nos leemos pronto!



domingo, 17 de agosto de 2014

Desubicado

   Esta entrada debí publicarla hace por lo menos una semana pero por problemas técnicos no he podido hasta ahora.

   Hoy no puedo dormir, quizás por el viaje, quizás por el calor, por los mosquitos...A saber. Así que al no poder dormir me he propuesto a escribir lo ocurrido en las últimas dos semanas, que las he pasado en España entre bodas, familia y amigos.

   Todo empezó con un mensaje de mi padre. "Búscate el vuelo que te vienes, tu madre ya lo sabe, así que no hay vuelta atrás." Así que de un día a otro me ví buscando ofertas de vuelos, comprando regalos de última hora y por supuesto haciendo el vídeo para la boda de mi primo David y Pilar a la que "supuestamente" no podía asistir y de ahí el vídeo. Llegué a Sevilla un Jueves por la mañana donde me esperaban mi padre y mis hermanas para darme una sorpresa, a lo que sumamos que fuimos a recoger a mi madre a su trabajo al mediodía para tener un día totalmente redondo.

Lo mejor de llegar a España

  El viernes pusimos rumbo a Valverde del Camino, mi tierra natal, para la boda, sin saber los novios, ni nadie de que yo iba a asistir al evento. Me planté en la puerta de casa de mis tíos y me puse a tocar el timbre como un condenado hasta que abrieron y se quedaron todos boquiabiertos. Abrazos y besos por todos sitios, mis primos que no se lo creían, el whatsapp y Facebook echando humo... y a preparar la boda que iba a ser de categoría, a la altura de los novios.

¡De boda!
   La semana siguiente no se planteaba tranquila desde el principio, puesto que antes de venir a España había quedado con el señor Flapy para hacer un pequeño tour por Huelva, pasando eso sí primero por Sevilla donde nos tomamos la foto de rigor, esta vez en honor a otro señor llamado Óskar, más conocido como Ikusuki. Ya en Huelva, nos movimos entre Almonte, El Rocío y Matalascañas, disfrutando del veranito del Sur que tanto nos hacía falta y merecíamos. Estuvimos en la playa de Cuesta de Maneli, con uno de mis mejores amigos "El Rojas", con su novia y mi sobrinilla postiza, Leire, que tiene más arte que un tablao flamenco con José Mercé en lo alto. Echamos unas buenas risas, buenas comidas y el jueves, con mucha pena despedimos a David que se volvía para los Madriles de nuevo.

David, yo y parte de Óskar pululando por Sevilla

   El fin de semana fue totalmente familiar, paellita rica y tarde con mis primos, y es ahí donde surgió la palabra "desubicado", de labios de mi prima Irene, una de las grandes sabias de mi familia. Ella me dijo que me veía un poco seriote, que parecía algo perdido y era totalmente cierto. Según ella, para mí habían pasado mil cosas, muchísimas experiencias en el año que llevaba fuera, mientras que para ellos la vida había seguido igual, y que era como si yo jamás me hubiera ido. Cuanta razón. Aquí he luchado cada día desde que llegué y me he acostumbrado a estar en guardia en cada momento, mientras que en España estaba la mar de relajado y me sentía un poco fuera de sitio. Mi viaje a España ha sido como un sueño, puesto que las dos semanas que he pasado con mi gente se me han ido en un abrir y cerrar de ojos, tanto que cuando ayer cogí el metro en Beijing me pareció que era lo normal. Imagino que lo es, puesto que ahora es mi realidad y lo otro es un sueño que ocurre de cuando en cuando.

Sumo fight
   En España he disfrutado de mis hermanas, de mis padres, mis primos, de las tres nuevas incorporaciones Chely, María y Antonio, además de todos mis amigos (Nayh, David, Luzan, Carmen, Lego, Sete, Meux...), pero aún así sentía que ya no era mi lugar. Quizás necesite estos retos para sentirme vivo, quizás sea masoca o quizás ya me he acostumbrado a tener que luchar y a vivir en megaciudades. Pero bueno, lo importante es haber dsfrutado, aunque ahora tenga una morriña muy grande que no me deje dormir y me hace escribir a las 3.37 de la mañana.

Niñas
    Bueno, para acabar decir que esto lo escribo desde mi habitación en la nueva escuela en la que empiezo a trabajar, que está allá donde Perry el ornitorrinco perdió su sombrero, traducido al chino en el distrito de Tongzhou en beijing, así que si tenéis curiosidad, buscad y veréis que tengo razón. 

   Nos leemos pronto y en otra entrada que no sea así de expréss y a las 4 de la mañana.

   PD: eso sí, me ha encantado el verano en España.


jueves, 10 de julio de 2014

Un paso más: Beijing

   Creo que aunque lo intentara no tendría una vida "tranquila" o lo que venimos tildando de normal, sin apenas sobresaltos, con una rutina más o menos definida...Parece ser que eso no va conmigo, con mi vida actual y tampoco quiero que lo sea, o al menos no por ahora.

   Esta historia comienza tras mi regreso de Hong Kong, donde mi pasión por nuevos horizontes volvió a despertar, puesto que se hallaba sumida en un letargo por el día a día de Shanghai. Últimamente las semanas se me hacían eternas, los días y a veces incluso las horas. Por eso decidí que mi tiempo en Shanghai estaba tocando a su fin. Necesitaba algo nuevo, distinto, que me volviera a motivar. La solución: Beijing.

En un planeta extraño
   Llevaba varias semanas hablando con mi amigo Sami, con quien trabajé brevemente en la empresa de traducción, y que se volvió a Beijing, porque según él, no soportaba la frialdad de Shanghai. El tenía contactos que me ofrecían un puesto de profe en una guardería para enseñar inglés, con un sueldo bueno, visa y además con alojamiento. Así que me cogí un tren un Martes por la mañana y me planté allí donde dicen que es la capital china para intentar dar un pasito más en mi aventura.

   Hete aquí que no todo es oro y por un fallo de la agencia, la entrevista se fué totalmente al garete y había que esperar a otra escuela. Sami me decía que me quedara ya en Beijing, pero yo sólo llevaba unos pantalones, camisetas y ropa interior para 3 días, así que el Viernes me cogí el tren de vuelta, otras 5 horitas con un dolor de cabeza muy ameno, para empacar los bártulos, despedirme de mi gente y empezar de 0 en una ciudad nueva.

La Plaza de Tiananmen

   Dí mis últimas clases en Shanghai, me despedí de mis alumnos, cené con mis amigos en Pika Pika y luego tuvimos una despedida un poco movidita, pero bueno, no todo es perfecto en este mundo. Alargué mi estancia un día más para pasar tiempo con quien no había podido: mi linda Nahee y mi hermanito Miguel, que se quedaba abandonado en ese piso que tanto nos ha dado y tantas horas de Breaking Bad y Sherlock hemos echado.

   El lunes por la mañana terminé de empaquetar las cosas y me fui a la estación de tren de Hongqiao para desplazarme por fin a la que iba a ser mi nueva ciudad. Pero como ya he dicho antes, mi vida no es lo que se dice "normal", así que entre mi caraja y los chinos que no hay quien los entienda, cuando fui a comprar el billete en la taquilla me dice la muchacha: "Hoy sólo primera clase, 933 yuanes". Mi cara tuvo que ser de película porque la chavala me pidió hasta perdón.

Así que allí andaba yo, en la estación, con todas mis cosas en una maleta y sin posibilidad de volver al piso, porque no tenía ya las llaves. Así que me puse en contacto con mi amiga Vivian, que vive en Beijing y después de un largo tira y afloja, me compró un billete de avión para Beijing, porque yo tenía una entrevista al día siguiente y ya ni siquiera había trenes. El avión salía en 2 horas y menos mal que la terminal y la estación de tren están conectadas, porque si llega a ser en el aeropuerto de Pudong, me da a mí que no llego.

¡A Beijing!
   Finalmente pude embarcar sin ningún problema, volando por primera vez con Air China, que por cierto, que sosa es la cena que te dan. En el avión conocí a una chica super mona que iba de camino a España, pues estudia en Salamanca. El viaje se me hizo demasiado corto, al igual que me dijo ella, que hubiera preferido que el viaje hubiera sido hasta España. Si es que es pa comérsela. Al llegar me esperaba el bofetazo de calor de bienvenida de Beijing y mi amiga esperándome para recogerme y hospedarme esa noche. El resto de la semana lo pasé en el dormitorio universitario donde está Sami mientras esperaba otras entrevistas.

   Ahora mismo no tengo casa, estoy esperando la respuesta de la última demo class que he hecho, estoy corto de pasta, pero tengo una ciudad nueva por descubrir, gente que conocer y lo mejor de todo, ¡estoy más felíz que una perdiz! Un amigo me dijo una vez, "Si no eres feliz en  tu vida, cambia algo". Y eso que hice, cambié de ciudad, de vida, de todo. Puede que me la pegue, puede que prospere, eso lo descubriré a medida que pase el tiempo. Pero sigo tomando mis decisiones, arriesgándome, lo que me hace inmensamente feliz y me hace sentir vivo. Ahora, sólo se trata de empezar a caminar de nuevo.


Puede...puede que no esté tan mal esto de Beijing.

miércoles, 28 de mayo de 2014

Hong Kong Día 1: Lantau Island

   Esta era la tercera vez que iba a Hong Kong, pero la primera vez que decidía quedarme y visitar la ciudad. Conocer una ciudad que me apasiona, cuya historia se sume entre la realidad y la leyenda, de vacíos legales e historias que no parecen reales. Estuve tres días en total, pero empecemos por el primero, que fue el más turístico y la visita más impresionante, la Isla de Lantau.
  
Tian Tan Buda
   Para llegar a la isla sólo hay que coger la línea naranja del metro y bajarse en la última estación Tung Chung. Desde allí, al salir por la salida B llegaremos a la estación de autobuses o de teleféricos que nos llevarán hasta la cima de la montaña, Ngong Ping. El teleférico tarda unos 25 minutos y debe ser impresionante pero es muy caro, 150 HK dólares ( unos 14,20 euros), si queréis ahorrar claro. La otra opción es comprar un viaje en autobús que sale por unos 35 HK dólares (3,30 euros), que tarda más pero también va por dentro de la isla, cuesta arriba, por lo que el autobús se para bastantes veces, pero aún así es interesante y es la opción que yo elegí. El número 23 va directamente a donde se encuentra el Buda, mientras que la línea 11 va hacia el pueblo pesquero Tai O, en el otro lado de la isla. Todo ello podéis pagarlo con la maravillosa tarjeta Octopus, que ya la explicaré en su momento.


Subiendo
   Una vez llegado allí uno se queda impresionado por la majestuosidad del lugar, tanto del Buda de Tian Tan que vigila todo desde lo alto de la montaña como del paisaje que te deja sin aliento. El clima en estas fechas es bastante caluroso y húmedo, por lo que siempre es bueno tener una botella de agua a mano. El Templo de Po Lin está aún en construcción y está previsto que albergue 10.000 budas en unos años. Por otro lado, el Buda es el más grande del mundo, eso sí, el Buda sentado más grande, porque hay otros más grandes pero estos se encuentran de pie. La subida hasta el buda es impresionante, debido a que vas subiendo escalones y te sientes observado por el Buda, desde lo alto, sin inmutarse por tu esfuerzo, pero las vistas desde arriba del todo merecen la pena todo ello.

Vistas desde el Buda
   Dentro del Buda hay un restaurante, pero los tickets se compran antes de empezar a subir, así que mejor que ¡no te olvides de comprar tu ticket o tendrás que hacer todo el camino de vuelta! EN los alrededores del templo puedes visitar un pequeño jardincito y comer en un restaurante vegetariano por sólo, ojo, sólo 88 dólares, ¡casí ná! De todas maneras hay varias tiendecitas donde comprar souvenirs y bebidas en los alrededores que hacen el apaño.

Flores
   Tras visitar el templo me aventuré por uno de los laterales y encontré el Wisdom Path, una ruta para senderismo que se introduce en las montañas y lleva hasta el Lantau Peak. Aquí había un restaurante abandonado y un poco más adelante se encuentra un hostel del que os dejo aquí el link. El punto de partida de la ruta de senderismo estaba bien señalizado y tenía una pinta tal que así:

¿Un paseíto?
    El camino empezaba siendo una escalera de rocas pero que acababan siendo solo rocas puestas de cualquier manera y debido a que los días anteriores había llovido resultaba bastante peligroso, pero gratificante. Yo me aventuré a subir, pero cuando iba por la mitad tuve que desistir, puesto que se avecinaba tormenta y además, muy inteligente por mi parte, iba sin agua y tenía un hambre considerable. Desde este punto logré una de mis fotos favoritas del viaje, puesto que aunque parecía que no me había alejado mucho de mi punto de partida, sí que estaba lejos del Buda.

En lo alto
   Estaba pensando en volver, pero a la hora de coger el autobús, me aventuré a montarme en otro, de la línea 11, que me llevaría a la isla de pescadores de Tai O, en el lado opuesto de la isla, y que a pesar del calor que hacía resultó ser una grata experiencia. A la entrada, nada más bajar del autobús hay un tipo vendiendo tickets para un viaje en barco por unos 25 dólares. El viaje consiste en dar una vuelta en barco por el pueblo y luego mar adentro a ver delfines rosados. 

Tai O
    Este enclave pesquero lleva aquí desde los inicios de Hong Kong y el olor más característico, aparte del olor del mar, es el de las "fish balls" y el del pescado seco que venden todas las tiendas del lugar. Sólo hay 3 calles principales, las demás son callejuelas que se dirigen al mar o calles sin salida. Decir que a pesar de ello, el pueblo tiene dos cajeros automáticos, bien situados cerca de la calle del mercado, perfecto si quieres comprar algún souvenir. Yo, con mi afán de visitar templos, me metí en lo profundo del pueblo donde los rayos del Sol no llegaban a tocar el suelo y tenías que ir mirando al suelo para no pisar a los pequeños cangrejos que deambulaban por allí.

Templo de Yeung Hau
   No pude entrar al templo porque ya era muy tarde, así que desandé lo andado, camino al autobús en dirección de nuevo a Kowloon, para descansar un poco y ver que deparaba la noche, puesto que el día había sido la mar de interesante. Una de las dudas que siempre me quedará será que no entendí porqué todos los gatos de la isla tenían un trozo de oreja cortada. Había muchísimos y excepto el gato del templo, todos, al menos los que yo ví, tenían una parte de su oreja cercenada. Algún día lo entenderé, pero hasta entonces, será un completo misterio para mí. 

¿Por qué?
   Hasta aquí llegó la aventura de mi primer día en Hong Kong. He intententado comprimir pero al final ha salido un tochaco infumable. Espero que me perdonéis y que os guste. Si queréis ver más fotos siempre podéis acceder a mi Flickr.

   ¡Nos vemos en el próximo post!


lunes, 17 de febrero de 2014

Kunshan y el Tinglin Garden

Recordando tiempos pasados he de mencionar las dos semanas que pasé en Kunshan hospedado por mi muy mejor amigo Curtis, en esa “pequeña” ciudad de 3 millones de habitantes que se encuentra entre la mastodóntica urbe Shanghai y la tradicional y turística Suzhou. 


Entrada a Tinglin Garden


 Tras los desastres acontecidos en los capítulos anteriores que podéis comprobar aquí, si os perdísteis alguno, me ví en cierto modo obligado a exiliarme a Kunshan con mi amigo Curtis que me ofreció de buena manera el sofá de su casa mientras conseguía reponer fuerzas y encontrar una salida a una situación un tanto extraña, teniendo que empezar de -1 cuando aún ni siquiera había empezado a adaptarme al país. De hostias iba la cosa, pero yo venía con la jeta endurecida ya de casa.

La vida en Kunshan es un poco bastante diferente a Shanghai. En Shanghai es difícil perderse puesto que a cada dos o tres calles tienes una señal de metro y sólo tienes que ir a la estación de metro más cercana para saber por donde estás y si eres un hacha en cuanto a orientación se refiere te puedes guiar con las placas de las calles, que te indican si van de Norte a Sur o de Este a Oeste. Por contra, en Kunshan, jamás y repito, JAMÁS deberás alejarte de Reimen Avenue, que atraviesa la ciudad entera y es la arteria principal de la que salen el resto de las calles. Si te alejas mucho de esta calle, amigo mío, lo tienes chungo porque las calles son iguales y allí la gente no habla mucho inglés que digamos. Pero claro, todo en esta vida en una aventura y mola meterse por esas callejuelas y perderte un rato, ¡pero no mucho!


Templete en lo alto de la montaña

Kunshan es como otra ciudad cualquiera, lo más destacable de ella es el Tinglin Garden, que es un enorme parque, (porque eso no es un jardín), con zoológico incluido y una gran montaña en el medio. En este paque hay también diferentes atracciones para niños, un lago donde se pueden alquilar barcas e incluso pelotas gigantes donde te metes dentro y te tiran al lago y ¡ale, a corer por el agua un ratico! El día que nosotros fuimos había un montón de gente, además de que el tiempo era muy bueno, soleado y con buena temperatura, algo que apetece cuando sales a dar un paseo por un paraje de este tipo.



Estuvimos en el zoológico que costaba unos 20RMB, y fue un poco un desperdicio de dinero, porque de lo que más tenían eran tigres, y estaban los pobres despatarrados en sus jaulas y entre el calor y las heces de los animales, el hedor del lugar era insoportable, así que no estuvimos allí más de 20 minutos. Después de una larga caminata, visitar un pequeño templo que había allí, porque el parque es bastante grande aunque no lo parezca, nos decidimos a tirarnos al monte y subir hasta lo alto de la montaña a ver qué se cocía por aquellos lares. Al empezar a subir nos metimos por un bosque de bambúes genial,  que provocaba una sensación la mar de agradable, entre la temperature, el vaivén del bambú y el sonido de sus hojas. 


Camnino entre el bambú

Existe un trazado bien definido para subir, asfaltado incluso, pero claro, el que aquí escribe es más bien parte humano parte cabra montesa, así que con mi espíritu aventurero y los gritos de mi colega “¡Tío nos vamos a matar!” En vez de tirar por donde estaba asfaltado y por donde va la gente NORMAL, este tío se metió por el lado contrario de la montaña, donde había una pendiente que pa qué y sin nada que te frenara si te caías, amén de un cartel que ponía algo de prohibido el paso, suelo militar, pero yo ni caso, soy una cabra y tiro por donde me sale de...ejem, eso.



Resulta que en lo alto de la montaña hay un radar militar enorme, aparte de un mirador y un restaurante. El radar estaba custodiado por dos tios con muy malas pulgas, que claro, creo que pocos extranjeros habían visto y pensarían que éramos espías o algo que paso que dábamos siempre buscaban tener una visual sobre nosotros para mantenernos controlados. Nos subimos al mirador y las vistas no estaban nada mal, pero eran mejores desde donde estaba sentada esta parejita, puesto que no había mucho que te tapara la vista y podías contemplar la ciudad de Kunshan casi por completo.

Kunshan

La vuelta fue un poco más normal, ya que bajamos por el camino normal y volvimos a la mítica Beimen Road, donde mi colega vivía antes, pasando de largo de los adivinos que se apostan en los alrededores del parque, algunos más pintorescos que otros, tanto que parecían sacados de películas antiguas chinas. El resto de los días los pasé buscando trabajo durante todo el día, de vez en cuando haciendo entrevistas por Skype, alguna que otra visita a Shanghai, los fines de semana en el Whales Bar donde tocaba todas las noches una banda de la que nos hicimos amigos y eso sí, mucha XBOX y mucho McDonalds, pero fueron realmente como unas vacaciones.


Oteando el horizonte

Al poco tiempo encontré el trabajo en el que estoy ahora mismo y me volví a mudar a la gran urbe, de nuevo al estrés y a las grandes distancias para ir a cualquier lugar, no sin antes echar un poco de menos la tranquilidad, lo pintoresco de Kunshan y las historias que se quedarán en esa “pequeña ciudad” justo a la salida de Shanghai, allí a la derecha.
 

jueves, 26 de diciembre de 2013

Lo que dió de sí el 2013

  
Se va acabando el año y creo que va siendo hora de hacer un poco de repaso de lo que ha sido este año, que a pesar de que empezó bastante tranquilo ha sido de lejos el año en el que más cambios he experimentado.

Jing'An Park

   La primera parte del año fue bastante tranquila, rutinaria más bien. Trabajar, ir a Almonte/Valverde algún que otro finde, entre semana estar entre mi piso y el de mi chica en ese momento. Una vida, que lejos parecía acabar pronto. Pero los cambios empezaron en Mayo, cuando el 17 de Mayo, Xiao, mi chica por aquel entonces se marchó a Alemania dejándome compuesto, sin novia presente y con otra gata más, más loca si cabe que la que ya tenía. Creo que eso fue el empujón definitivo.

   Llevaba ya mucho dándole vueltas a la idea de marcharme de España, desde antes de la dichosa crisis. Lo intenté todo, Estados Unidos, Canadá, Inglaterra, a pesar de que no me gustara la idea... Pero fue a partir de verano cuando los cambios empezaron a coger una velocidad de vértigo. Para empezar, en mi tercer día de vacaciones de verano tuve un percance en un dedo del pie que me mantuvo casi sin poder andar durante dos semanas, puesto que los médicos me soltaban rapapolvos cada vez que me ponía a andar sin dejar que se curase mi dedito.

Hong Kong

   En esos días leyendo 1984, Los cantos de Hyperión y algunos que otros libros, seguía en mis trece de coger la maleta e irme. Y es entonces cuando me contactaron desde China para irme de Au Pair y allá que me fuí en Septiembre. Como algunos sabéis, la historia que va desde Septiembre en adelante se relata en este blog con más o menos detalles, así que no me extenderé demasiado.


Zehru Temple
  
   Si tuviera que resumir en una sola palabra este año, esa sería sin duda SUPERACIÓN. Desde el día en que llegué a China, sin dejar de recordar lo anterior que tuve que pasar y lo que dejé atras, ha sido un no parar de luchar, de aguantar, de no parar, de atarse los machos y tirar p'alante. Porque aunque suene de friki, que gran razón tenía Alfred cuando le dijo a Bruce: "¿Por que nos caemos señor Wayne? Para aprender a LEVANTARNOS". Y eso es lo que hago todos os días. Aprender, superarme, tratar de ser mejor persona...todo eso es lo que me ha dado este año.


El Buda de Jade (prohibido hacer fotos xD)


  Eso no es lo único. Amigos. Montones, tantos que no me da tiempo a quedar con todos y se enfadan conmigo. Desde Gabi, Simone, Curtis, Autumn, pasando por los Sergios, Óscar, Nate, Eric y tantos que no me caben aquí, y de los que me siento orgulloso de ser amigo. Y por supuesto, Aventuras por doquier que parece que aunque están un poco paradas, ya le tengo echado el ojo a dos pueblecitos cercanos que aunque se llega en metro seguro que ¡alguna aventura me espera por ahí!


Aquí el Primo secreto del Mono en Hong Kong, o FranPerea 2


   Este año 2014 espero que este lleno de cambios, porque ahora si no tengo este tipo de cambos creo que me aburriré bastante. Por lo pronto estoy montando algo con un colega por aquí, nada extraño, pero que si sale bien puede ser una cosa bastante interesante en Shanghai. Por lo demás sólo deseo un trabajo mejor que me permita viajar y más dinero...Pero lo que de verdad deseo es que a mi familia le vaya mejor este año que ahora se nos viene encima que el que ha pasado. Sólo eso deseo, tampoco es tan difícil. Que los proyectos que han empezado en mi familia salgan adelante y que de una vez empecemos a remontar todos el vuelo que ya nos va tocando!!!

  
   Me mudé a China, estuve al lado de la estatua de Bruce Lee en Hong Kong, vivo en Shanghai, tengo amigos que cada uno vale un millón, tanto en China como en España...A pesar de todo, estoy feliz con mi vida.

   Cuando acaben las navidades prometo publicar periódicamente aunque tenga que dormir poco.




   ¡Besos y abrazos para todos!


PD: Siempre que quiero escribir tengo las ideas muy claras en la cabeza pero luego quiero plasmarlo todo a la vez, y sale este batiburrillo. Creo que debo aprender a escribir mejor, o al menos poner en orden mis ideas.

lunes, 2 de diciembre de 2013

Visita exprés a Hong Kong


   La semana había sido bastante tranquila, el Jueves llegaba por fin mi nuevo visado, algo que estaba deseando para poder tener algo de estabilidad y tranquilidad en cuanto al tema del visado. Pero se ve que no, que aún no era tiempo de tranquilidad y en el momento de llegar el visado me dicen que he de salir del país, antes del martes y estábamos a Jueves. A eso se llama relax. Así que me veo de nuevo estresado al máximo sacando billete para el sábado, no sin que antes la tarjeta no me dejara comprar el billete y tuviera que pedir ayuda para comprar el billete, planeando sobre la marcha un viaje de UN día a Hong Kong.

El maestro rodeado de piltrafillas

   Llegué a eso de las 9.40 al nuevo aeropuerto de Bao'an en Shenzhen, y tuve que coger el metro hasta llegar a Luo Hu, para poder pasar la frontera y "salir del país", para que mi visado nuevo empezara a ser válido. En Hong Kong estaba mi amigo Curtis, esperando a que le hicieran el visado y había quedado allí con él. Antes de pasar a Hong Kong conocí a dos españoles, Julio y Luis que viven aquí en Shanghai y de no ser por ellos, creo que me hubiera perdido, así que ¡gracias!

Avenida de las Estrellas






   Nada más pasar la frontera me quedo sin línea, puesto que en  Hong Kong no son válidos los móviles chinos, y allá que me fui a buscar un centro comercial con wifi para poder quedar con mi colega que estaba ya harto de esperar. Consegimos quedar en la estatua de Bruce Lee y por el camino conocí a un noruego super perdido que me llevé conmigo hasta la Avenida de las Estrellas. Al salir por las escaleras a la Avenida de las estrellas, la vista era espectacular, al otro lado, la ciudad antigua de Hong Kong, ese es el skyline tan famoso de todas las fotos. Sin pensármelo dos veces fui a buscar la estatua de Bruce Lee y a mi colega que por allí rondaba.

Típica foto de la estatua de Bruce Lee
De camino a la parte antigua en Ferry

    Después de hacer las pertinentes fotos del maestro nos fuimos a buscar algo de comer, pero fue imposible puesto que estaban todos los fast (¿o fat?) food hasta las trancas, así que decidimos cogernos el ferry y atravesar la bahía de camino a la isla antigua,dejando Kowloon detrás, la que llaman parte oscura de Hong Kong. Cuando llegamos nos fuimos directos a Mcdonald's, porque teníamos pensado subir en el Peak Tram, para observar todo el paisaje y comernos allí algo, pero tuvimos que dejarlo por imposible, ya que la cola para los tickets ¡era de 3 horas! Así que a pesar de intentar coger un taxi o autobús, acabamos dándonos por vencidos y nos fuimos a visitar el parque de Hong Kong, donde también se encuentra la Iglesia Episcopal de ST. John, cosa que se te hace rara por estos lares, ver a chinos dando misa...
























   Bromas aparte nos pusimos a recorrer la ciudad de un lado a otro. Primero nos cogimos el "transportator", unas escaleras con las que evitas las cuestas que hay en las calles, que son unas cuantas, porque todo hay que decirlo, la antigua Hong Kong está enclavada en las montañas y hay cuestas por todos lados,vamos que es una ciudad para ponerse en forma.

Vaya vistas deben tener,¿eh?
 Al llegar arriba del todo nos dispusimos a bajar y disfrutar del ambiente nocturno de Hong Kong. Porque esta ciudad no sólo puede ser Hong Kong, puede ser Londres, San Francisco, Shanghai, Nueva York, Paris, Tokyo... Es la perfecta combinación entre lo occidental y lo oriental, cogiendo lo mejor de cada lugar, creando algo único.


                                  


  
Yorkshire Pudding en Hong Kong
   Lo que más te sorprende en un principio es ver a los chinos hablando en un perfecto inglés británico, incluso entre ellos, pero es que es su idioma oficial, junto con el cantonés, que aunque es más difícil que el chino mandarín, resulta un idioma muy cantarín y agradable al oído. Además, es una ciudad donde no oyes las bocinas a cada momento, como sucede en Shanghai, nadie escupe en la calle, a gente tiene educación, piden perdón, el metro está limpio...Es como si dijeras que Hong Kong es China evolucionada, dentro de 50 o 100 años, pero eso es mi opinión. Y por otro lado, y no me cansaré de repetirlo, ¡LAS MUJERES! Creo que, sin duda, es el lugar donde más mujeres preciosas me he encontrado hasta ahora. Es que era difícil ver a una mujer que no dijeras, ¡joder que preciosidad! Perdonad por este inciso, pero si vais a Hong Kong me entenderéis, en serio.

Turisteando entre neones
   Después de esta salida de tono, ya nos volvimos a Kowloon a ver el espectáculo de luces que hacen con el skyline de la ciudad antigua, bastante chulo, por cierto. Últimas fotos a la estatua de Bruce Lee y de vuelta que había que cruzas aún la frontera e iba con la hora pegada en los talones. Como esto es una aventura y siempre tiene que haber algo de emoción, cogí el último metro que había, el último autobús al aeropuerto y una vez allí, con el estómago gritando por comida, me vi salvado de nuevo, cómo no. por mi a veces amado pero siempre odiado Mcdonald's. Una vez acabada la cena, vi que la gente se iba quedando grogui en las mesas, en los sillones del sitio, así que como dicen aquello de "Si vas a Roma, haz lo que los romanos" (palabras de mi colega portugués), me recoloqué como pude y me eché una siestecita en el sofá del Mcdonald's del aeropuerto nuevo de Shenzhen con más frío que siete viejas.

Skyline de hong Kong nocturno
   Abandoné Hong Kong, de camino a Shenzhen y de vuelta a Shanghai, pero ahora tenía un nuevo amor. Shanghai no será lo mismo, porque me he enamorado perdidamente de esa antigua colonia británica al sur de China, ahí donde una vez hubo tantos fumaderos de opio como panaderías, donde hay sitios que aúnla vida pasa en blanco y negro, donde Oriente y Occidende se encontraron hace ya tanto que nadie sabe distinguir la línea que los divide, donde te puedes sentir en China y Europa a la vez...

Bruce Lee

   En definitiva, esa ciudad que ahora ronda en mis sueños,aunque sólo haya sido por una noche...