martes, 29 de abril de 2014

Midi festival

   El fin de semana pasado tuvo lugar en Shanghai el MIDI Festival, por supuesto festival de música, al que yo asistí por hacerle un favor a mi amiga Indi, en calidad de fotógrafo, para hacer fotos a la marca D'or et D'argent, algunas de las cuales estarán en su página web. Yo sólo fuí el viernes, por lo que paso a relatar mi experiencia en el Viernes del Midi Festival de Shanghai 2014.

Poker Queen Tee

   El festival estaba un poco mucho bastante lejos, allá donde Periquillo el de los Palotes perdió los Palotes. La parada en la que había que bajarse era YuanDong Avenue, dos paradas antes de llegar al aeropuerto de Pudong, que eso está a una media hora de Shanghai. Una vez llegado allí, simplemente seguí a la manada de chavales que seguro que iban al festival, puesto por lo que había leído en una página habría un autobus gratuíto esperando para ir hasta el lugar. Todo hay que decirlo, el autobús iba hasta las trancas y tardo unos 20 minutos en salir, porque parece que aquí en China, si algo no está lleno a reventar no puede salir.

Entrada al Midi Festival
   Cuando lleguamos al sitio habá que andar un poco más y llegabas al control de seguridad, donde me quedé a esperar a Aymeric, el chico francés que me iba a dar la entrada y a explicar lo que tenía que hacer, puesto que el era quien había diseñado la línea de ropa D'or et D'argent y el amigo de mi amiga con quien había quedado. Me enseñó un poco el lugar y me explicó su idea de las fotos, algo que ví un poco difícil de hacer en un festival pero, intenté dar lo mejor de mí. El tiempo no acompañaba, mucho viento y encima del fresquete tenía toda la pinta de que iba a llover de un momento a otro, pero aún así el festival estaba lleno de gente, no tanto al principio, pero se fue llenando a lo largo de la tarde. Yo por mi parte en vez de disfrutar de la música me dediqué a lo mío, y os muestro alguna foto que hice:




   Por último cabe decir que había dos DJs pululando por allí que resultaron ser españoles. Uno es Rodri o DJ One y otro es Iván Oliva que la liaron pardísima en el festival y que aparte de hacer unas sesiones de escándalo son tipos muy majos y me lo pasé increíblemente bien con ellos. Al final acabé haciendo fotos para Iván durante su sesión y eso si que ya no sé dónde saldrá pero, que pasárnoslo bien sí que lo hicimos.

Session
   Mis amigos fueron el Sábado al festival, cuando no paró de llover en todo el día, por lo que aquello era sólo y exclusivamente charcos y barro. Yo por mi parte me pasé un Sábado muy tranquilo entre clases y descanso de todo, que de vez en cuando también hace falta. Próximamente retomaré los post más culturales y de vida en Shanghai como hacía antiguamente y dejaré de postear sólo fiestas, jeje.

   ¡Nos leemos pronto!



domingo, 13 de abril de 2014

Tomb-sweeping day y barbacoa

  La semana pasada fue aquí en China el llamado "Tomb-sweeping day", literalmente traducido el Día de limpieza de tumbas. Este festival recibe el nombre de Qingming o Ching Ming, suele celebrarse el día 15 del equinoccio de primavera, lo que viene a traducirse en el día 4 o 5 de Abril, y es un día en el que se honra a los antepasados y se les recuerda.

   Este es el día en que la gente va a visitar las tumbas de los familiares y a limpiarlas, ofreciendo comidas a los antepasados y si alguna vez os habéis fijado, es el día en el que los chinos queman el papel rojo que representa el dinero, con lo que según la tradición envían el dinero a los que ya se marcharon. Estos días suelen ser festivos en China, Macao, Hong Kong y Taiwán por lo que mucha gente se desplaza durante estos días a sus pueblos natales para visitar con la familia a los antepasados.

   Es una tradición bastante similar a la española o mejor dicho occidental de visitar a los fallecidos a finales de Octubre, pero con las diferencias que he mencionado antes. Nosotros, como de chinos tenemos poco, nos propusimos hacer una barbacoa en algún parque de aquí de Shanghai, por lo menos para respirar algo de aire no viciado y sobre todo porque al ser vacaciones, tratar de visitar alguna ciudad cercana era imposible. Algunos amigos chinos decían que no era buena idea porque al ser festivo habría muchísima gente, a lo que debíamos añadir que hacía un tiempo perfecto para estar al solete y disfrutar del día.


   En un principio la barbacoa parecía que no iba a celebrarse, pero empezó a tomar forma y la cosa acabó por ser un día para repetir, puesto que hubo españoles, daneses, alemanes, suizos, chinos, italianos, alemanes, coreanos, estadounidenses... Y los que por una razón u otra no pudieron venir, pero también contábamos con ellos.

   En último momento de la tarde del Sábado cambiamos el emplazamiento del parque, de Gucun Park, que está más en la ciudad,  nos fuimos al de Gongqing Forest Park, que está allá donde se acaba Shanghai porque lo siguiente que hay es el mar. Lo bueno que tiene este parque es que, tal y como dice su nombre, es un bosque, por lo que es inmenso. El gran pero es que la zona de hacer barbacoas es muy pequeña, y eso en vez de una zona de barbacoas, parecía un campo de batalla en Sarajevo.

Campo de batalla: Gongqing Park
   En un principio estuvimos dando vueltas por las barbacoas a ver donde nos apostábamos, pero no hubo manera, y en la segunda vuelta de reconocimiento encontramos una de estas, cómo denominarlas, ¿"carpas"?, que era donde estaban las mesas y sillitas para poner las cosas. Nos apoderamos de ella hasta que a los 20 minutos vino el guarda y nos largó de allí porque no habíamos pagado. Con lo bonito que parecía todo, pero está claro, por mucho que le dijéramos a las chicas (que eran 2), de compartir el lugar, se negaron en redondo. Pero no nos fuimos demasiado lejos, y nos quedamos entre dos de las denominadas carpas, que fue una de las mejores decisiones que tomamos.

El equipo con la barbacoa de las vecinas

    Ese día experimentamos en primera persona lo que es realmente ser chino, ya que estábamos en todo el meollo, éramos los únicos extranjeros, humo, gente, basura, gritos, etc. Una locura total, pero al cabo de un rato nos acostumbramos y nos integramos aún más en el ambiente que se respiraba o mejor dicho que nos intoxicaba los pulmones. Nosotros, como buenos novatos, nos llevamos una pelota para poder echar unas pachanguitas, pero claro, dónde ibamos a jugar a algo si no podíamos siquiera movernos de los alrededores de la gente que había.

Potencia española
    En cuanto al parque se puede decir que era un lugar increíble, la vegetación, ríos, muchos tipos de actividades, que iban desde paintball, pasando por tirolinas, barcas, lugares para volar cometas, parque de atracciones e incluso un tren dentro del parque. Una de las mejores cosas del parquey en lo que todos sin excepción estuvimos de acuerdo es que olía a tierra, a naturaleza, a vegetación, a todo lo que no huele en el centro de Shanghai, donde el olor más característico que te puede llegar es el de los baozì (los bollos típicos rellenos de carne), o el de alguna obra, ésa será la vez que estés más cerca de oler tierra en la ciudad.


   Nosotros no celebramos Hanami como en Japón, pero fue algo similar, a pesar de ser a 10000 revoluciones más que en Japón, con un estres increíble, gente haciendo barbacoa incluso entre los arbustos, pero fue un gran día, que espero que pronto podamos repetir.

Atardeciendo

miércoles, 5 de marzo de 2014

Medio año y subiendo

  
Siempre lo digo y siempre hago lo mismo, pero esto de mantener una periodicidad en el blog es muy complicado porque después de llevarme todo el día en el ordenador en la oficina lo que menos me apetece es ponerme de nuevo delante de una pantalla pero hoy es un día que lo merece, y voy a escribir un post cortito, en plan devaneos mentales.

   Hoy hace exactamente 6 meses y un día que llegué a China, y si bien no hace falta que cuente todo mi pasado sólo expondré algunas de las impresiones que he tenido en estos 6 meses donde la vida ha sido de todo menos fácil. En principio, el gran choque cultural viene con la comida, porque al principio me costó bastante comer sin pan, acostumbrado a comer todos los días con lo que aquí es considerado un manjar, aquí no es imposible conseguir una barra de pan pero es algo prescindible porque normalmente las comidas no suelen pedir pan, ya que el pan de China es el arroz, que sirve para todo. Yo en contra de muchos amigos que conozco aquí que tratan de evitar la comida china porque "al final acabas en el hospital", me he aventurado desde un primer momento a probar casi todo lo que se me ponía al alcance de los palillos, con mejor o peor resultado, pero de eso se trata esto, para eso esto es un país diferente.

   Otra cosa que en estos meses me ha chocado bastante y que intento pasarla por alto es la poca educación que tienen los chinos, tanto escupiendo, como colándose en las colas de espera, al entrar o salir del metro...Y así una larguísima lista, pero también hay que decir que es que son una pechá de gente y tienen que pelear por cualquier cosa porque sino viene el de al lado y se lo quita. Aparte, y como dice algún que otro shanghainés que conozco, son gente del campo, por lo que sus modales son escasos cuando no nulos. Pero no soy quien para cambiar tropecientos años de modales inexistentes en un país que encima no es el mío. Así que a aguantar y a salir como se pueda del metro.

   A veces pienso en lo que me encantaría coger la bicicleta y con lo enorme que es esta ciudad perderme un rato por ahí, cámara en ristre a disfrutar de un Sábado o Domingo, pero la polución estropea cualquier plan de ese tipo. Últimamente está un pelín mejor, pero no hay día que baje de los ciento y pico, cosa que para hacer deporte o cualquier otra actividad al aire libre es bastante malo e incluso un poco peligroso. Y yo, sintiéndolo mucho, no voy a pagar para meterme en un gimnasio, primero porque es muy caro y segundo porque el deporte se hace en al aire libre.

   Echar de menos, echo muchísimas cosas de España, mi familia, mis amigos, la comida, pero ahora mismo no volvería, porque estoy viviendo algo increíble y que no lo cambiaría por nada. No quiero dar ningún paso atrás, sólo hacia adelante. Tengo la meta clara, y lo ideal es ir cada día acercándose un poco más, sin parar en ningún momento de avanzar, sino es como si no hiciera nada aquí, solo esperar a que mi visa expire y volverme a España sin haber conseguido mi objetivo principal, la razón por la que vine aquí. De mi familia nunca me despegaré, por muy lejos que esté, de mis amigos jamás me olvidaré, porque a pesar del tiempo que pase, de la distancia, todos esos momentos vividos los llevo constantemente conmigo, y me hacen fuerte cada día, para dar cada paso con más seguridad que el anterior.

   Muchas veces he mencionado que Shanghai es una ciudad que no me gusta, porque no encuentro mi sitio aquí y porque todo lo tradicional lo hacen desaparecer en pos de lo que viene, y porque a demas, no es ningún secreto mi ansia de irme a Japón, algo que tarde o temprano conseguiré. Shanghai y yo tenemos una pelea constante, porque a sabiendas de que me llevo a rabiar con ella, cuando quiero salir a hacer fotos hace un día de dos pares de narices justo el día ANTES de que yo salga, quizás un viernes, para que al día siguiente haga un birria de tiempo, con una niebla y una contaminación que para qué contar.

   Aquí me he acostumbrado a comer sin pan, a beber milk tea cuando me aburro, a probar cosas extrañas, a gritarle a la gente en un perfecto andaluz "Iyo que te eche pallá cohone!", en medio del metro, sigo sin beber agua caliente (lo siento pero NO, el agua se bebe FRÍA), a dormirme antes de las 12, a levantarme un Sábado a las 7 de la mañana, a depender de una vpn para entrar en internet...a tantas cosas que como siga no acabo, pero que ya son parte de mi día a día y que normalmente ni siquiera reparo en ellas.

   En realidad hoy no iba a escribir nada y he empezado con una idea en la cabeza, para que salga algo que no tiene absolutamente nada que ver con lo que quería escribir. Este es mi cerebro, ahora y siempre, un caos total, pero jamás me paro a pensar y ordenar las ideas, y ESTO es lo que sale, totalmente caótico. Me despido hasta la próxima, a ver si es más pronto y por supuesto más interesante.


El sol de Shenzhen

  

lunes, 17 de febrero de 2014

Kunshan y el Tinglin Garden

Recordando tiempos pasados he de mencionar las dos semanas que pasé en Kunshan hospedado por mi muy mejor amigo Curtis, en esa “pequeña” ciudad de 3 millones de habitantes que se encuentra entre la mastodóntica urbe Shanghai y la tradicional y turística Suzhou. 


Entrada a Tinglin Garden


 Tras los desastres acontecidos en los capítulos anteriores que podéis comprobar aquí, si os perdísteis alguno, me ví en cierto modo obligado a exiliarme a Kunshan con mi amigo Curtis que me ofreció de buena manera el sofá de su casa mientras conseguía reponer fuerzas y encontrar una salida a una situación un tanto extraña, teniendo que empezar de -1 cuando aún ni siquiera había empezado a adaptarme al país. De hostias iba la cosa, pero yo venía con la jeta endurecida ya de casa.

La vida en Kunshan es un poco bastante diferente a Shanghai. En Shanghai es difícil perderse puesto que a cada dos o tres calles tienes una señal de metro y sólo tienes que ir a la estación de metro más cercana para saber por donde estás y si eres un hacha en cuanto a orientación se refiere te puedes guiar con las placas de las calles, que te indican si van de Norte a Sur o de Este a Oeste. Por contra, en Kunshan, jamás y repito, JAMÁS deberás alejarte de Reimen Avenue, que atraviesa la ciudad entera y es la arteria principal de la que salen el resto de las calles. Si te alejas mucho de esta calle, amigo mío, lo tienes chungo porque las calles son iguales y allí la gente no habla mucho inglés que digamos. Pero claro, todo en esta vida en una aventura y mola meterse por esas callejuelas y perderte un rato, ¡pero no mucho!


Templete en lo alto de la montaña

Kunshan es como otra ciudad cualquiera, lo más destacable de ella es el Tinglin Garden, que es un enorme parque, (porque eso no es un jardín), con zoológico incluido y una gran montaña en el medio. En este paque hay también diferentes atracciones para niños, un lago donde se pueden alquilar barcas e incluso pelotas gigantes donde te metes dentro y te tiran al lago y ¡ale, a corer por el agua un ratico! El día que nosotros fuimos había un montón de gente, además de que el tiempo era muy bueno, soleado y con buena temperatura, algo que apetece cuando sales a dar un paseo por un paraje de este tipo.



Estuvimos en el zoológico que costaba unos 20RMB, y fue un poco un desperdicio de dinero, porque de lo que más tenían eran tigres, y estaban los pobres despatarrados en sus jaulas y entre el calor y las heces de los animales, el hedor del lugar era insoportable, así que no estuvimos allí más de 20 minutos. Después de una larga caminata, visitar un pequeño templo que había allí, porque el parque es bastante grande aunque no lo parezca, nos decidimos a tirarnos al monte y subir hasta lo alto de la montaña a ver qué se cocía por aquellos lares. Al empezar a subir nos metimos por un bosque de bambúes genial,  que provocaba una sensación la mar de agradable, entre la temperature, el vaivén del bambú y el sonido de sus hojas. 


Camnino entre el bambú

Existe un trazado bien definido para subir, asfaltado incluso, pero claro, el que aquí escribe es más bien parte humano parte cabra montesa, así que con mi espíritu aventurero y los gritos de mi colega “¡Tío nos vamos a matar!” En vez de tirar por donde estaba asfaltado y por donde va la gente NORMAL, este tío se metió por el lado contrario de la montaña, donde había una pendiente que pa qué y sin nada que te frenara si te caías, amén de un cartel que ponía algo de prohibido el paso, suelo militar, pero yo ni caso, soy una cabra y tiro por donde me sale de...ejem, eso.



Resulta que en lo alto de la montaña hay un radar militar enorme, aparte de un mirador y un restaurante. El radar estaba custodiado por dos tios con muy malas pulgas, que claro, creo que pocos extranjeros habían visto y pensarían que éramos espías o algo que paso que dábamos siempre buscaban tener una visual sobre nosotros para mantenernos controlados. Nos subimos al mirador y las vistas no estaban nada mal, pero eran mejores desde donde estaba sentada esta parejita, puesto que no había mucho que te tapara la vista y podías contemplar la ciudad de Kunshan casi por completo.

Kunshan

La vuelta fue un poco más normal, ya que bajamos por el camino normal y volvimos a la mítica Beimen Road, donde mi colega vivía antes, pasando de largo de los adivinos que se apostan en los alrededores del parque, algunos más pintorescos que otros, tanto que parecían sacados de películas antiguas chinas. El resto de los días los pasé buscando trabajo durante todo el día, de vez en cuando haciendo entrevistas por Skype, alguna que otra visita a Shanghai, los fines de semana en el Whales Bar donde tocaba todas las noches una banda de la que nos hicimos amigos y eso sí, mucha XBOX y mucho McDonalds, pero fueron realmente como unas vacaciones.


Oteando el horizonte

Al poco tiempo encontré el trabajo en el que estoy ahora mismo y me volví a mudar a la gran urbe, de nuevo al estrés y a las grandes distancias para ir a cualquier lugar, no sin antes echar un poco de menos la tranquilidad, lo pintoresco de Kunshan y las historias que se quedarán en esa “pequeña ciudad” justo a la salida de Shanghai, allí a la derecha.
 

miércoles, 22 de enero de 2014

Xiaonanmen, lo que fue Shanghai

22 de Enero de2014

   Siempre había deseado venir a Asia. No es ningún secreto que Japón es y será siempre mi prioridad y debilidad pero tenía muchísimas ganas de pisar el gigante asiático y andar por estas calles que se suponen tan diferentes a las que conozco.  Quería venir a China y poder vivir esta experiencia de primera mano, y en cuanto tuve la oportunidad no lo dudé y me embarqué en esta aventura de la que a veces me sorprendo tratando de asimilarla.

Contrastes en la ciudad
   
 De China conozco poco, he de ser sincero, aparte de Beijing, Shanghai, Hangzhou o Xi’An realmente estaba muy verde en cuanto a este gran país, pero eso no me detuvo. Desoyendo los consejos de mi buen amigo Flapy, vine a parar a Shanghai, la ciudad más internacional de china y además la que más ha avanzado en cosa de 20 años y todo de golpe, tanto que a veces las personas mayores se hallan perdidas porque no reconocen su propia ciudad.



Mercado en Xiaonanmen

   En un principio Shanghai me escamaba, porque vale que mucho edificio lujoso, mucha modernida, pero, ¿dónde quedaba el verdadero Shanghai? ¿Dónde esas calles en las que puedes mirar al cielo? ¿Dónde los niños jugando? Pues yo lo encontré, con la ayuda de dos amigos y por una equivocación intentando buscar un mercado navideño que estaba vete a saber tú donde.

   Supuestamente el mercado estaba en algo así llamado “Cool Docks”, a lo que Google Maps nos mandó por allí cerca de la playa que hay en la parte baja del Bund, uséase, donde el agua del río está hasta limpia. Pero para llegar hasta donde nos marcaba nuestro querido Maps pasamos por una zona por la que jamás pisó laowai antes, o eso parecía por la forma en la que nos miraba la gente. Si estáis interesados en visitar la pintoresca área sólo tenéis que coger la Línea 9 hasta Xiaonanmen y de allí andar un poco y estaréis dentro de lo que puede ser lo más parecido al Shanghai antiguo o al más real.


A mi espalda estaban unos apartamentos de lujo
   Esta es una zona con casas antiguas, medio derruidas, sin tejados incluso, pero que aún tiene vida y aguanta los envites del tiempo, puesto que aquel domingo por la tarde de antes de Navidad que nos adentramos por sus calles era un barrio de lo más concurrido. Al otro lado de la calle, justo cruzando la acera se levantan edificios de lujo, enormes los mires por donde los mires, pero tienen una contra: están vacíos.

Pintoresco a más no poder
   
   El barrio de Xiaonanmen acabará sirviendo de cimientos para los nuevos hermanos para estas moles de hormigón, puesto que el barrio entra dentro de los proyectos de Shanghai para seguir modernizándose y este barrio de pequeñas y viejas casitas es una piedra en la carrera que Shanghai lleva consigo misma.
    
La mayoría de la gente nos miraba extrañados, porque imagino que pocos extranjeros aparecerán por allí, pero ellos iban a lo suyo, por supuesto.  Aparte de las omnipresentes motos eléctricas de Shanghai pudimos disfrutar de lo que podría llamarse parte del Shanghai antiguo, donde las tiendas están a pie de calle, las puertas de las casas se dejan de par en par, la gente come en una mesita de madera en la acera, las lavadoras en la calle…


¿Quién dijo frío?

   A pesar de la aparente pobreza del barrio existían algunas casas que por un lado decías “¿A que soplo y se cae?”,  pero que cuando pasabas de largo veías que tenían un garajito con su cochazo limpísimo. Cosas sin explicación, y que sólo suceden en China. Amén de los pollos colgados en las ventanas, las gallinas en la calle que servirían luego para la cena, los perretes  atados a un poste, los niños siguiéndonos por todos sitios, los vecinos asfaltando la calle, etc. Anécdotas que hicieron que la búsqueda del mercado navideño inexistente y el frescazo que hizo aquél Domingo de Diciembre merecieran la pena.



El coche que no falte¿eh?

   Al final llegamos a Cool Docks, pero allí no había nada, porque el mercado estaba en EAST DOCKS (¡gracias Nate por la desinformación!), así que echamos un vistazo a la playa de pega de Shanghai, algunas fotos al famoso skyline de Shanghai desde otro ángulo y nos dispusimos a desandar lo andado, pero esta vez por otro camino, menos "pintoresco" y de donde salió una de mis fotos favoritas de aquella tarde. El letrero de Family Mart fue el que nos sacó del ensueño de estar viviendo en una época que no era la nuestra, y que nos invitaba a la realidad, esa que va siempre va corriendo y que no se detiene ni para atarse los cordones.


Shanghai 2013

  Son este tipo de barrios, de imágenes las que me gusta capturar, no la de los altos rascacielos que toda la gente ve. Yo busco la China oculta de Shanghai, la de verdad, la que se perdió entre cristales y altas grúas de construcción, la que mucha gente detesta porque esta sucia, porque no es la de manual. No es tan dificil encontrarla, pero si es fácil pasarla por alto. Esta es la China que deseo conocer.



Si queréis ver más fotos de esta tarde tan curiosa podéis echarle un vistazo a mi Flickr

lunes, 20 de enero de 2014

El portero

   Aquí en Shanghai vivo en un conjunto de 3 bloques, siendo el mío el número 2. Para acceder a casa sólo hay una entrada, o por lo menos yo sólo conozco una, porque no he explorado más allá de mi bloque, pero dudo que haya mucho más allá del Bloque 3.

   En la entrada que menciono existe una casetilla donde suele estar el guarda que en realidad son 4 guardas que no sé si son aparcacoches, malas pulgas profesionals. Eso serán los otros tres, porque del que vengo a hablar es del que suele estar a eso de las 7-8 de la tarde, que más o menos es cuando suelo llegar a casa. Puede que haya tenido un mal día, puede que venga cansado, serio o como sea, pero este hombre siempre me arranca una sonrisa con su "¡HOLA QUE TALA!",que ya me viene sonando a ostiazo para reanimarme un poco.

   Muchas veces está metido en la garita para resguardarse del frío pero basta que yo pase que le falta el tiempo para abrir la ventana y sacar medio cuerpo para gritarme su frase en español, porque según me hizo entender un día vivió durante 8 años en España, pero no aprendió nada, pero que dice que de eso hace mucho.

   Un día como cualquier otro le saludé en plan militar, y el de pronto se puso firme y se cuadro para saludarme. Acto seguido trató de explicarme, con la mejor mímica y la mejor representación de una batalla naval, efectos de sonido incluidos, con sus explosiones también, que el había estado en la armada naval o como el decía la Navy, y que eso no era para él, que a el le iba más viajar. Lo que se puede entender sólo con mímica es inceríble.

   A menudo, entre semana siempre, se acuerda de que voy a pasar y me lo veo que ha sacado su silla de oficina destarlada, a la que de las 6 ruedas que debería de tener le quedan dos y media, para esperarme con su bloc de notas y su boli masticado, listo para que le diga alguna palabra nueva. La apunta y me la enseña a ver si la ha escrito bien, para luego hacermela repetir mil veces hasta que a duras penas el es capaz de seguirme y hacerlo por sí mismo. Sólo con eso me troncho de risa, al ver cómo él lo intenta y ver la cara de satisfacción cuando se pone las manos en la cintura y le suelta lo que le he enseñado al primero que pasa por la calle, con la consecuente cara de susto del que pasa, que pobrecico mío dirá que a buenas horas se juntaron el guarda y el laowai.

   Por su parte, él a veces trata de enseñarme alguna palabra pero acaba por desistir porque el me dice que "spanish, spanish", negando con la cabeza, pero es que a mi me resulta muy difícil entender su chino, porque o habla muy cerrado o yo soy demasiado negado, y creo que es una mezcla de ambas. Pero ahí está el tío, que ya pasa del "Hola que tala" al "Muy bien" y porque se le olvidan las demás cosas, que si no me da a mí que subo a casa cerca de las 10 de la noche!

   La verdad es que a pesar de que yo no tengo ni repajolera idea de chino, y él tampoco es capaz de hablar mas que dos palabras en español y una más en inglés nos entendemos a la perfección y es una gran alegría verlo ahí sentado todos los días con su sonrisa amplia y su cuaderno listo para una nueva clase improvisada de 5 minutos del xibanya ren del 17C. A veces si vengo un poco más tarde lo veo un poco aburrido en la garita hasta que lo saludo y vuelta a empezar.Y que siga así



jueves, 2 de enero de 2014

Nochevieja en Shanghai



 Este año me ha tocado vivir la Nochevieja y Año Nuevo en Shanghai, y por supuesto que ha sido diferente, pero fue noche extraña y rara como pocas. Paso a relatar aquí los sucesos acontecidos en esta noche tan particular del año.

   Empezamos por la mañana que llego tarde al trabajo puesto que, cabecita la mía, se me olvida la tarjeta del metro en casa y tengo que volver a por ella, perdiendo 10 minutos entre la ida y la vuelta. Tras eso y siendo un día bastante pesado, salgo antes del trabajo para ir a Jing’An Temple, donde había quedado con mi amigo Curtis y su colega Paul, que venían desde Kunshan para celebrar el año nuevo con nosotros.

   Pasamos por mi casa para cambiarme porque ya a las 18.30 habíamos quedado con Gabi para cenar. Locura en el metro, la gente saltando unos encima de otros para meterse en el metro pero por fin llegamos a People’s Square. De allí “intentamos” movernos hasta el Saizeriya de Nanjing Road y digo intentamos porque jamás había visto esa calle tan abarrotada. Increíble, es que daba miedo, sólo se veía una marea de cabezas miraras hacia donde miraras. Llegamos al restaurante en cuestión y obviamente era imposible comer allí, porque era día 31, la hora de la cena, al día siguiente era festivo y lo más importante, había una cola de 2 horas y media. Así que con todo el dolor de mi corazón acabamos cenando en McDonalds. Sí, la cena de Fin de Año ha sido en un McDonalds, pero es que eso era una auténtica odisea.

   Estuvimos esperando a mi compi de piso para que cenara allí y ya reunirnos con ellos. Tardaron mucho por toda la gente que había y cuando todos nos fuimos cada uno cogió para un sitio. Mientras me despedía de mi amigo le dí el móvil a Gabi para que llamara a otro amigo más, y la perdí de vista 5 segundos y ya no la volví a encontrar. Me encontraba en la que creo que esa noche era la calle más transitada del mundo, sin móvil y sin manera de encontrar a mis amigos. Me fuí hasta el principio de Nanjing Road, a donde se suponía que nos dirigíamos y al intentar acceder al paso subterráneo que conecta con People’s Square me encontré con algo que sólo con este vídeo es entendible.


 


   Lo único que se me ocurrió fue pedirle a una pareja que había al lado mía que si me dejaba llamar a mis amigos. No sé si fue mi cara de perdido o mi increíble manera de comunicarme en chino señalando mi móvil y diciéndole péngyou (amigo), pero el muchacho me dejó llamar a mis amigos, que no sabían ni donde estaban. Luego de esperarlos un rato tuve que llamar de nuevo, menos mal que encontré otros chicos, estos europeos que me volvieron a dejar el móvil (menos mal que me sé mi número) y quedé con ellos en un sitio concreto para recuperar mi móvil

Nos fuimos caminando hasta el Bund para ver los fuegos artificiales. Calles abarrotadas, la gente andando y algunos corriendo por la carretera, digno de verse. Me vais a tener que perdonar pero es que esa noche mi móvil normal estaba sin batería y la cámara no la llevé, así que solo tengo 2 o 3 fotos. Llegados al bund, donde todo estaba colapsado, el ejército por todos lados para evitar cualquier percance, lo que daba un toque un poco siniestro a la celebración, pero todo sea dicho y sin faltar al respeto, el ejército chino parece de chiste. Aparte de las diferentes alturas, los soldados no sabían formar, se tropezaban unos con otros, no se mantenían en sus puestos... En lugar de un ejército parecía que habían cogido a unos cuantos y les habían puesto uniforme. Un poco extraño todo.




Estando allí, un colega de los que venía con nosotros necesitaba ir al servicio urgentemente, así que yo, como también tenía que ir, me decidí a acompañarle. Craso error. Hete aquí mi segunda temporada de LOST. Nos pusimos a buscar McDonalds, KFC, Burger King, o cualquier bar o callejuela para ir al servicio pero nada. Nuestros amigos nos llamaron y dijeron que había un servicio cerca de donde estabamos antes, así que a desandar lo andado que no era poco. La gente empezó a correr, porque al parecer estaban cerrando las calles y nosotros seguimos el nuevo lema de “¡Si corre el chino voy yo detrás! Llegamos donde supuestamente estaban nuestros amigos y resultaba que se habían cambiado de lugar. Habían subido al paseo donde estaba todo el mundo y allá que fuimos nosotros.

Eran las 11.20 y dijimos, “Tenemos tiempo”. Subimos al paseo, sin poder llamarlos porque las líneas estaban inoperativas, tratando de buscarlos, entre la marabunta de gente. Llamábamos cuando podíamos a Renny, y nos movíamos de aquí para allá sin resultado alguno. Eran las 11:40 y nos empezamos a poner nerviosos. Volvíamos a llamar pero ellos o por pereza o por imposibilidad no salían a buscarnos, y cada vez más gente en el paseo. 11.48 y ni rastro de nuestros amigos, sin poder llamarlos, así que decidimos situarnos en un lugar estratégico y un poco peligroso para ver los dichosos fuegos, mientras decíamos, “Tío, esta será una historia para contar a tus nietos, de cómo viviste un fin de año en Shanghai con alguien que acababas de conocer esa misma noche mientras andabas perdido”

La mejor parte vino con los fuegos artificiales. No por los fuegos, que no estuvieron mal, sino por la marea de pantallas de móviles, tablets, phablets e incluso de ORDENADORES. Sí señores, ordenadores. Esta gente no vive el momento, prefiere capturarlo. Y yo, como buen nuevo chino, quise capturar ese momento, porque por mucho que lo explique, sólo con esa imagen se entendería. En el cielo los fuegos. En el paseo sólo pantallas relucientes. Sólo en China.

Tras todo este periplo conseguimos quedar con nuestros amigos y fuimos al Muse 1, cerca del Bund, donde tuvimos algún problema con unos estúpidos franceses que decían que había que ser duro en Shanghai para sobrevivir, pero bien que los mandaron al carajo los de seguridad. El resto de la noche fue pegando botes, evitando chinos borrachos y pasándolo bien. Lo que quedó fue intentar volver a casa andando, porque los taxis pedían unos 150 yuanes, sin importar la dirección, por lo que esperamos un poco hasta que abrió el metro y nos fuimos a casa, demasiado cansados para cualquier cosa. 

Como resumen de la noche, está comprobado que siempre hay aventuras allá donde no te lo esperas y como consejo diré: ¡NUNCA SUELTES TU MÓVIL EN CHINA!

¡Feliz Año a todos y nos leemos en breve!